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La literatura y el mar I.Joseph Conrad

 

La literatura y el mar I. Joseph Conrad

Joseph Conrad

La Literatura y el mar I. Joseph Conrad

Ana Alejandre

Como decía en el primer artículo titulado “El agua y la literatura”, el agua siempre ha fascinado a los escritores por encontrar en ella una fuente de inspiración, si no líquida, sí inmaterial y creativa, en cuanto que el agua como tal ha sido muchas veces telón de fondo de algunas de las más importantes obras de la literatura mundial, especialmente las que se refieren al mar o ríos como escenario de muchas de ellas.

Uno de los escritores que han tenido siempre presente en su narrativa el agua, en sus formas marítima o fluvial, ha sido Joseph Conrad (1857-1924) pues el mar y los ríos estuvieron muy unidos a su propia biografía, ya que ellos fueron el espacio físico en el que transcurrió buena parte de su vida como marino, navegando en barcos mercantes franceses, país al que llegó con tan sólo dieciséis años, y en el que se instaló en Marsella, huyendo de Polonia, su tierra natal, que había sido invadida por los rusos. A pesar de su corta edad y de sus nobles orígenes -era hijo de un noble polaco-, tuvo una vida azarosa que le llevó hasta España donde luchó en las guerras carlistas en el bando de don Carlos y, posteriormente, marchó a Inglaterra donde consiguió la nacionalidad inglesa, en 1886, modificando su nombre, Józef Teodor Konrad Korzeniowski, haciéndolo más acorde con su nueva nacionalidad inglesa al convertirlo en Joseph Conrad, con el que ha pasado a la posteridad.

Pasó, a partir de entonces, a servir en la marina mercante inglesa y durante los años sucesivos navegó mucho, especialmente por Oriente. Esa experiencia como marino mercante la trasladó a sus obras de ficción, especialmente sus vivencias en el archipiélago malayo y en el río Congo durante 1890, que le inspiraron sus relatos escritos en inglés, idioma en el que escribió toda su obra, a pesar de ser un consumado políglota porque hablaba cuatro lenguas: el polaco, el ruso, el francés y el inglés.

Esa vinculación con el mar y sus continuos viajes a puertos extranjeros, le llevó a convertir al mar en una dimensión espacial en la que transcurrían sus obras como escenario principal, pero lo que realmente le interesaba era describir la condición humana y la constante lucha del hombre con el binomio bien y mal.

En sus narraciones, y por la profunda experiencia que tenía de la vida en los barcos, con frecuencia el narrador suele ser un marino retirado –el posible alter ego de Conrad, ya que algunas de sus novelas se consideran autobiográficas, pues llevó al papel muchas de sus experiencias reales a lo largo de sus años de marino-. La primera de sus obras en la que se cumple esto es, también, su primera obra publicada, La locura de Almayer (1895), en el mismo año en el que contrajo matrimonio.

Una de sus obras más conocidas es Lord Jim (1900), novela en la que analiza el concepto del honor que se pone de manifiesto en la conducta y los sentimientos de un hombre que trata, constantemente a lo largo de su vida, de expiar sus actos de cobardía durante un naufragio que vivió en su juventud y del que le acompañan siempre el recuerdo y la negra sombra de la culpa y el remordimiento.

También, ambientadas en el mar son sus novelas El negro del Narciso (1897), cuyo protagonista es un marinero negro; El agente secreto (1907), ambientada en los oscuros círculos de los anarquistas londinenses; Bajo la mirada de Occidente (1911), cuyo telón de fondo es la opresiva Rusia del siglo XIX; Victoria (1915), que transcurre en los mares del sur; y el relato El corazón de las tinieblas' (1902), una de sus obras más conocidas, que describe con profunda maestría los negros abismos morales en los que se hunde el hombre que se corrompe, cayendo hasta el mismo corazón de las tinieblas que le da título a dicha obra.

Conrad escribió trece novelas, dos libros de memorias y veintiocho relatos cortos, a pesar de que la escritura le resultaba sumamente difícil y dolorosa, a causa de la gota que padecía, a lo que se sumaba su estado anímico por la parálisis que padecía su esposa y sus muchos problemas económicos debidos a sus escasos ingresos económicos.

Conrad murió en Bishopsbourne, próximo a Canterbury, en 1924



Por sus problemas personales, sus obras reflejan una indudable carga de tristeza, a pesar de su estilo que ofrece una gran riqueza conceptual y muestra vitalidad y fuerza expresiva. Su técnica narrativa se puede considerar innovadora en su época, pues realiza saltos temporales en el discurrir cronológico de la narración, lo que no era habitual en la literatura de entonces. Además, los caracteres de sus personajes están bien definidos y resultan sólidos y de una gran credibilidad que los acerca al lector.

Joseph Conrad está considerado como uno de los más importantes escritores modernos en lengua inglesa., y su influencia fue muy acusada en la novela moderna, lo que le valió el reconocimiento de escritores contemporáneos suyos como fueron Henry James, Hohn Galsworthy, Arnold Bennet y Stephen Crane, entre otros Su obra profundiza en la frágil condición humana y la vulnerabilidad moral del hombre que se debate siempre entre la dualidad representada por el bien y el mal, al igual que el náufrago se resiste a dejarse atrapar por el abismo que se abre bajo las oscuras aguas en las que ha caído desde el barco zozobrado y en las que pierde toda esperanza.

El agua, como elemento vivificador, se enfrenta también a su símbolo literario que representa el mar, trasunto de la propia vida, que puede llevar a buen puerto al ser humano que navega por ese mar/vida, pero del que no saldrá indemne de ese peligroso viaje, en el que su conciencia será la única brújula que le oriente a lo largo de cada singladura, que puede llevarle hasta la propia destrucción si equivoca el rumbo, en un momento cualquiera, de la travesía.

















 

 

El agua y la literatura

El agua y la literatura

Ana Alejandre

El agua es el componente primordial de la materia viva. Su proporción en los organismos vivos va desde el 50% al 90%. La materia básica de las células vivas es el protoplasma y consisten en una disolución en agua de grasas, proteínas, carbohidratos, sales y otros compuestos químicos. Es por esto que el agua actúa como disolvente transportando, combinando y descomponiendo químicamente estas sustancias.

A su vez, la sangre de los animales y la savia de las plantes tienen una gran proporción de agua que sirve a dichos organismos vivos para el transporte de los alimentos y, posteriormente, para realizar el desecho de los desperdicios que resultan de dicho proceso. Además, el papel del agua en la descomposición metabólica de moléculas tan importantes como son las proteínas y los carbohidratos es de suma importancia, proceso que tiene el nombre de hidrólisis y se produce continuamente en las células vivas.

Asimismo, la literatura que es una gran metáfora de la vida realiza la función simbólica de hidrólisis de las palabras, frases, conceptos e ideas, descomponiendo así las proteínas que forman las ideas y los carbohidratos que son los conceptos que maneja todo escritor para crear su obra, haciendo posible que la vida, esa corriente misteriosa, fluya por las páginas de un libro como el agua baja del manantial a los diferentes acuíferos y fluye, mansa o bravíamente, hasta desembocar en el océano como símbolo de la gran biblioteca universal en la que desembocan todas las obras de los distintos géneros y de todas las épocas y autores, en el que las corrientes internas van desplazando, en una marea continua, las corrientes literarias que se suceden, unas tras otras, en un eterno fluir y refluir de las diversas generaciones.

El hombre ha sentido siempre gran fascinación por el agua como elemento artístico y literario, convirtiéndola en inspiración de poemas, relatos y novelas, porque ese indispensable elemento líquido vital, además de ser necesario para la vida, lo mismo que la literatura, por ser la expresión escrita del pensamiento y la capacidad de creación, es necesaria para la vida intelectual del hombre en sociedad para que ésta no esté dominada por la ignorancia y la barbarie. La literatura contiene en sí el germen de la creación artística, pues ésta fluye continuamente, al igual que el agua en manantiales, ríos y arroyos, adoptando la forma de su continente cuando está retenida en una vasija, lo mismo que la idea creativa adopta la forma de expresión de acuerdo a la múltiple variedad de caracteres y talento creador de cada individuo, en una plasticidad absoluta que habla de la capacidad de creación del hombre en sus múltiples formas y variedades que se traducen, en el caso de la literatura, en la sonoridad del verbo, a modo del sonido cristalino del agua en su eterno discurrir o en su grácil caída en una fuente.

La literatura es, pues, el agua que alimenta la vida intelectual del hombre, tan necesaria para su existencia como tal, para elevarlo al nivel de un ser racional y evolucionado desde su origen primigenio de simple animal, como lo es el agua para su vida física, pues ambas son necesarios e insustituibles alimentos para que la vida pueda seguir, incansable, tejiendo sus misteriosas labores hasta su fin.

La vida es el agua/literatura que fluye constantemente, siempre renovada, y el tiempo es el cauce que va definiendo, dirigiendo, explicando y conteniendo aquélla, describiendo en sus orillas, remansos y afluentes, los mil y un accidentes que el fluir de la vida, y su reflejo que es el agua/literatura, va dejando en el eterno cauce del tiempo a lo largo de su discurrir hacia ese océano sin límites que es la historia de la Humanidad.

 

 

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